El verano en la Patagonia es generoso. La luz se estira hasta tarde, los días parecen no terminar nunca y la montaña, ya sin nieve en sus faldas, se abre entera para caminarla. Desde la región de los lagos, con San Martín de los Andes como base, esta es la estación en la que más kilómetros hago y más fotos saco.
Si venís en verano, el problema no es qué hacer: es decidir qué dejar afuera. Te cuento lo que nunca falta en mis días.
Los lagos, siempre los lagos
El agua acá es de un color difícil de creer. Verdes, turquesas y azules que cambian con la hora del sol. Recorrer las orillas, encontrar una bahía tranquila y quedarse mirando es, para mí, el plan más patagónico de todos. El agua es fresca porque baja de las cumbres, pero eso la hace todavía más transparente.
Caminar sin apuro
En verano se habilitan los senderos largos. Subidas a miradores, cruces de bosque, vegas que florecen. Aprovecho los días eternos para hacer trekkings que en otra estación serían imposibles por la nieve o la falta de luz.
El verano patagónico no se mide en horas: se mide en cuánta luz te animás a usar.
El cielo de la noche
Aunque oscurece tarde, cuando por fin cae la noche el cielo se llena de estrellas. Lejos de las luces de ciudad, la Vía Láctea se ve nítida. Vale la pena quedarse despierto una noche solo para mirar arriba.
Sabores de temporada
El verano también entra por la boca. Por estos meses suelo buscar:
- Frutas finas de la región, que están en su punto
- Picnics a la orilla del agua
- Mercados y ferias donde la producción local se luce
Cuidar lo que nos presta la montaña
Con más gente recorriendo, el verano exige más respeto. Llevarse la basura, no salirse de los senderos, no encender fuego donde no corresponde. La Patagonia es tan abierta y tan frágil a la vez que el cuidado se vuelve parte del disfrute. Si la dejamos como la encontramos, sigue siendo de todos.
El secreto está en madrugar
Mi mejor consejo: arrancá temprano. Las primeras horas son las más calmas, las más frescas y las de mejor luz. Cuando el sol pega fuerte al mediodía, yo ya estoy buscando sombra junto a un lago, con las botas afuera y la cámara descansando.
El verano es la cara más luminosa de la Patagonia, la más fácil de querer. Si te decidís a venir, vení con tiempo y con los ojos bien abiertos. Y cuando vuelvas, contame: en el blog me encanta cruzar historias de quienes también andan por la cordillera.
